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Principios, -30 marzo 2021-

 ¿TE ATREVES?

«Primero, ayúdame a no mentir jamás. Segundo, ¡no me des pobreza ni riqueza! Dame sólo lo suficiente para satisfacer mis necesidades.»  Prov. 30:8 (NTV)
Esta es una rara oración, no muy popular en nuestro tiempo. Bueno, aunque si somos sinceros, la primera parte es un poco más aceptada que la segunda.
Pero ¿sabes qué?, no me refiero a que sea algo impopular entre los inconversos, ¡No, no!, hablo de cristianos, la pregunta es ¿qué nos ha pasado que incluso al leer este versículo algo choca dentro?

Bueno, no quiero ofenderte, quizá no sea tu caso, pero sí el de la mayoría. Quizá podríamos llegar a decir la primero oración: “¡Señor, ayúdame a no mentir, aléjame de la vanidad!”, quizá eso sea mas fácil de pedir para muchos, pero donde la cosa se pone difícil es en esta otra parte: “¡Señor, no me des pobreza ni riqueza, solo lo suficiente para cada día!”

|| «¿Sabes que algunos aborrecen esa oración?, y debo de repetir, que no son los no creyentes, sería bueno preguntar: ¿porqué?»

 Creo que la repuesta es: codicia. ¡Así es!, se nos ha enseñado por muchos años que una muestra de que Dios está con nosotros es la abundancia de bienes materiales, riquezas, y seamos honestos, ¿a quién no le gusta eso? Pero el problema es que esto solo alimenta la codicia, aquella que compite en nuestro corazón con el lugar que le corresponde al Señor. Entonces de repente llegamos a esta oración del versículo y es como: ¿Qué?, ¡no, yo no quiero pedir eso! Este versículo prueba nuestro corazón, nos muestra dónde está nuestro tesoro. 

Cuando leemos el siguiente texto vemos algo precioso:
«Pues si me hago rico, podría negarte y decir: «¿Quién es el SEÑOR?». Y si soy demasiado pobre, podría robar y así ofender el santo nombre de Dios.»  Prov. 30:9 (NTV)
Podemos ver en este hombre un corazón temeroso de Dios, y su anhelo era agradar al Señor y no permitir nada que lo apartara de Él. Deberíamos imitar esa conducta, te aseguro que Dios al ver un corazón así no tiene problemas en añadirle bienes, porque su tesoro no está en este mundo sino que Jesucristo mismo es su tesoro.
Entonces, ¿te atreves a hacer esta oración?  

-JonCley Mtrs-

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